miércoles, 24 de enero de 2024

Tuve una crisis

 Cancelaba, se irritaba y se iba. Volvía y creía sumirse en la perpetua decadencia de atesorar un momento como eterno; pero sabía que en el fondo había algo más, que no era sólo un momento. Sostenía que de una vez por todas debía dejar de posponerlo y dejar caer la hojas, ese montón de exceso seco que no le permitía ver del todo bien, correr lo que sobra y hundirse en el lugar donde siempre creyó estar.
Pero esta vez hacía mucho tiempo que no estaba. Recorría los espacios largos y blancos con excesos de comas, de puntos, de puntos y comas, de metáforas inusuales, de recursos irrisorios y confusos, de ideas sobrepuestas unidas entre sí por recuerdos que se posaban como pájaros y de inmediato se iban, todo desaparecía, el blanco se posicionaba de nuevo, tomaba el mando. Iba a hacerlo otra vez, lo cancelaba otra vez, se rendía nuevamente. Volvía, inundaba ceniceros, se recostaba, se cuestionaba, se preguntaba una y otra vez, se forzaba. Ya no era placentero, ya no era fructífero lo que podría llegar a concebir. Y lo aseguró, lo sostuvo, lo afirmó, cerró la idea que tenía, había pasado, ¿la recurrencia de una rutina, quizás? ¿el declive de un momento? ¿una etapa lejana? No podía llegar a buen puerto, todo era lejanía. Todo era comas sin puntos finales, por suerte.

Espejismo

  Todas las mañanas y las tardes para mí son iguales, a veces las diferencio y me pongo a pensar qué hubiera pasado si yo avanzaba antes o d...